Foto: AP Photo/Jorge Saenz

REPORTAGE

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La crisis de Paraguay ‚Äď un eco del pasado

La experiencia paraguaya ilustra la realidad de una región en donde la pandemia ha encontrado sociedades profundamente desiguales y Estados incapaces de garantizar condiciones mínimas de bienestar para sus poblaciones.

Por Norma Flores Allende

PARAGUAY El pa√≠s mediterr√°neo enclavado en el coraz√≥n de Sudam√©rica a menudo ha estado ausente en la narrativa medi√°tica de Am√©rica Latina. Sin embargo, desde el 5 de marzo las diferentes revueltas que ocurren a lo largo de su territorio han dado vuelta al mundo poniendo en el foco m√°s de una semana de protestas, decenas de heridos y un muerto en lo que se ha bautizado como el ‚Äútercer marzo paraguayo‚ÄĚ de su historia.

¬ŅPor qu√© Paraguay, elogiado a nivel mundial por su estabilidad macroecon√≥mica, atractivo para inversionistas y contenci√≥n inicial de la pandemia vive uno de los peores estallidos sociales de su historia reciente? Las respuestas se resumen en el impacto de la pandemia en un contexto de inestabilidad pol√≠tica, alta desigualdad social, corrupci√≥n y el legado de m√°s de siete d√©cadas de autoritarismo de la mano del partido oficialista, la Asociaci√≥n Nacional Republicana (ANR), llamada tambi√©n Partido Colorado.

La inestabilidad pol√≠tica ha estado muy presente desde la apertura democr√°tica ocurrida en 1989, tras la ca√≠da del dictador Alfredo Stroessner, quien estuvo en el poder durante casi 35 a√Īos. Si bien el mismo partido pol√≠tico se ha mantenido en el poder, a excepci√≥n del lapso comprendido entre 2008 y 2012 en donde el gobierno conformado por una alianza de partidos fue depuesto por un golpe de Estado parlamentario, las pugnas internas de la ANR han ocasionado revueltas en las calles en estas √ļltimas d√©cadas.

Algunas de las manifestaciones m√°s importantes de la historia reciente han ocurrido en el mes de marzo, es por ello que han sido denominadas ‚Äúmarzos paraguayos‚ÄĚ. El primer marzo paraguayo ocurri√≥ en 1999, cuando fue asesinado el entonces vicepresidente Luis Mar√≠a Arga√Īa y se produjeron manifestaciones con m√°s de 7 muertos y centenares de heridos.

El segundo marzo paraguayo tuvo lugar en el 2017 cuando las ansias reeleccionistas del expresidente colorado Horacio Cartes, poderoso empresario vinculado además al narcotráfico, contrabando y lavado de activos, desencadenaron protestas, violaciones de derechos humanos, agresiones a medios de comunicación y periodistas y la ejecución extrajudicial de un joven militante del opositor Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA).

El actual marzo paraguayo fue desencadenado por faltantes de medicamentos e insumos m√©dicos b√°sicos en los hospitales p√ļblicos paraguayos as√≠ como la lenta gesti√≥n gubernamental para la adquisici√≥n de vacunas contra la COVID-19, lo cual tuvo como consecuencia la renuncia del ministro de Salud, Julio Mazzoleni, y cambios importantes en el gabinete de ministros. No obstante, esto no desactiv√≥ la crisis y los manifestantes exigen la renuncia del presidente Mario Abdo Ben√≠tez, hijo del exsecretario del dictador Stroessner, y del vicepresidente Hugo Vel√°zquez, entre reclamos por el destino de los pr√©stamos internacionales para hacer frente a las consecuencias de la pandemia.

Foto; AP Photo/Jorge Saenz

Las razones detr√°s del estallido

Paraguay, al igual que Chile, es presentado como un milagro econ√≥mico en Am√©rica del Sur, y ambos pa√≠ses han experimentado malestares sociales en los √ļltimos a√Īos. En este sentido, Magdalena L√≥pez, del Grupo de Estudios Sociales sobre Paraguay de la Universidad de Buenos Aires, explica que los contextos sociohist√≥ricos chileno y paraguayo son diferentes, si bien tienen en com√ļn el rechazo a sus econom√≠as muy liberalizadas.

‚ÄúTanto en Chile como en Paraguay ha habido un rechazo a ciertas consecuencias de un modelo econ√≥mico-pol√≠tico muy liberal, muy basado en el mercado y muy poco basado en el respeto de los derechos humanos, como el derecho a la salud, a la educaci√≥n, a la vida digna, a una vivienda digna de la poblaci√≥n‚ÄĚ, afirma la doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.

Para poner en perspectiva, Paraguay se encuentra entre las naciones m√°s pobres y desiguales de toda Am√©rica. Constituye uno de los pa√≠ses sudamericanos m√°s corruptos, con menor √ćndice de Desarrollo Humano (IDH), es uno de los que menos invierte en salud p√ļblica del continente americano, exhibe uno de los peores sistemas educativos del mundo, posee la distribuci√≥n de la tierra m√°s desigual del planeta, entre otros indicadores que lo alejan del resto del Cono Sur y lo acercan m√°s a Am√©rica Central y a naciones caribe√Īas.

Magdalena L√≥pez se√Īala que para comprender esta serie de protestas en todo el territorio paraguayo hay que resaltar el abandono del Estado paraguayo en materia de salud, educaci√≥n y previsi√≥n social. A esto se suma el embate de la COVID-19 que desnuda la extrema fragilidad de un sistema de salud pr√°cticamente inexistente, financiado en gran medida por gastos de bolsillo de la poblaci√≥n y que no solamente carece de insumos e infraestructura b√°sica sino tambi√©n de recursos humanos.

‚ÄúEl pico lleg√≥ y encontr√≥ una sociedad sin ninguna solvencia econ√≥mica, que atraves√≥ un encierro que al principio fue auspicioso, pero que no detuvo la enfermedad y gener√≥ un agujero econ√≥mico en la mayor parte de la poblaci√≥n de Paraguay, muy vulnerable, con alta cantidad de trabajo informal y empleo subterr√°neo. Encima empiezan a destaparse esc√°ndalos de corrupci√≥n de la √©lite pol√≠tica que son insostenibles para una poblaci√≥n que ven√≠a aguantando a fuerza de esfuerzos enormes‚ÄĚ.

El analista pol√≠tico Leonardo G√≥mez Berniga, director ejecutivo de la ONG Jerovia, indica que a esta crisis se suman otros factores no menores. Este marzo paraguayo tambi√©n ocurre como resultado de una pugna dentro del Partido Colorado, en donde la figura del expresidente Horacio Cartes se presenta como uno de los poderes f√°cticos m√°s fuertes debilitando de esta manera la fuerza pol√≠tica del gobierno de Abdo Ben√≠tez. Cabe se√Īalar a este respecto que tambi√©n se realizaron protestas de ciudadanos frente a la residencia del magnate por representar este, de acuerdo a los manifestantes, una amenaza al orden institucional paraguayo.

Por otro lado, a la lenta adquisici√≥n de vacunas y al desesperado pedido de donaciones de las mismas a varios pa√≠ses realizado por el Senado paraguayo, se suma, de acuerdo a G√≥mez Berniga, ‚Äúuna especulaci√≥n muy grande del sector farmac√©utico, tanto para la compra de medicamentos como para la intermediaci√≥n de la compra de vacunas‚ÄĚ.

Esto ocasiona un incremento de precios de medicamentos b√°sicos en el territorio paraguayo por lo que las personas se ven obligadas a traerlos de contrabando desde Argentina.

Al comienzo de las manifestaciones, Paraguay dispon√≠a de solamente 4.000 dosis de vacunas contra la COVID-19, situ√°ndose muy por detr√°s de otros pa√≠ses de la regi√≥n. A pesar de los pr√©stamos contra√≠dos, el gobierno apela a donaciones de vacunas de otros pa√≠ses, como por ejemplo Chile, Taiw√°n y Emiratos √Ārabes Unidos.¬† Todo esto acontece en un contexto de colapso inminente de hospitales tanto p√ļblicos como privados ante el aumento de casos de COVID-19 con cementerios de la capital preparando fosas comunes debido al n√ļmero de muertos diarios. Los datos oficiales del Ministerio de Salud de Paraguay, actualizados hasta el mes de febrero, indican m√°s de 145 000 casos de COVID positivos y casi 3.000 fallecidos.

 

Foto: AP Photo/Jorge Saenz

El ‚Äúmilagro paraguayo‚ÄĚ: un √≠dolo de pies barro

¬ŅC√≥mo es posible que las calles, la microeconom√≠a, contradiga el relato macroecon√≥mico paraguayo? La economista Ver√≥nica Serafini, del Centro de An√°lisis y Difusi√≥n de la Econom√≠a Paraguaya (CADEP), explica que m√°s del 65 % del empleo es informal, con ingresos bajos y sin seguridad social. El embate de la COVID, sumado a la realidad ya descrita arriba ocasiona que, a pesar de que la macroeconom√≠a se est√© recuperando, la microeconom√≠a exhiba una realidad muy diferente.

‚ÄúLa gente est√° sufriendo el aumento de los precios con una reducci√≥n de los ingresos laborales. No es un buen escenario‚ÄĚ, indica la doctora en Econom√≠a.

De acuerdo a In√©s Franceschelli, de la organizaci√≥n He√Īoi, Centro de Estudios y promoci√≥n de la Democracia, los Derechos Humanos y la Sostenibilidad Socioambiental, la crisis del tercer marzo paraguayo constituye ‚Äúla realidad que estaba invisibilizada debajo del relato que hace el extractivismo de la realidad‚ÄĚ.¬† A esto a√Īade que la macroeconom√≠a refleja el resultado de acciones de solamente un pu√Īado de empresas dedicadas a la actividad econ√≥mica extractiva (monocultivo de soja, ma√≠z transg√©nico, ganader√≠a) por lo que el grueso del pa√≠s no posee participaci√≥n en esta renta.

A mediados de marzo grupos de personas siguen convocando protestas cotidianas bajo la consigna de ‚ÄúANR Nunca m√°s‚ÄĚ, ‚ÄúQue se vayan todos‚ÄĚ y ‚ÄúHasta que renuncien‚ÄĚ y pol√≠ticos opositores en el Poder Legislativo anuncian que llevar√°n a cabo un juicio pol√≠tico contra el presidente y el vicepresidente. Quiz√° los pr√≥ximos meses sean definitorios para el futuro del actual gobierno donde los manifestantes se expresan en contra de la hegemon√≠a de m√°s de 7 d√©cadas del Partido Colorado. Por lo pronto, la inestabilidad en el pa√≠s crece cada d√≠a.

Franceschelli al respecto apunta: ‚ÄúLo que vemos como crisis pol√≠tica en Paraguay es completamente an√°rquico. Es literalmente el pueblo en la calle, sin partidos, sin movimientos, sin viejas estructuras gremiales, ni sindicales, ni organizaci√≥n. Los pueblos se est√°n adelantando a las necesidades de ajuste, est√°n reaccionando con mucha m√°s lucidez que los dirigentes conocidos. Y eso, en cualquier caso, es un signo de esperanza‚ÄĚ.

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