FEATURE: LA MUERTE EN EL PUEBLO:

Los testigos de El Mozote

AP Photo/Victor Ruiz

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Los testigos de El Mozote

En diciembre de 1981, la muerte asalt√≥ un peque√Īo pueblo en El Salvador. El hierro de la muerte fue levantado por un batall√≥n entrenado en Estados Unidos y cay√≥ sobre m√°s de mil civiles, incluyendo muchos ni√Īos. Hoy en d√≠a El Mozote es conocido como la peor masacre en Am√©rica Latina en tiempos modernos ‚ÄĒpor muchos a√Īos cerrada en nubes pol√≠ticos y rayado por cubiertos conscientes.

El papel jugado por Estados Unidos en El Mozote en diciembre 1981 ha sido tema de debate constante ‚ÄĒpero ahora, se arroja nueva luz sobre la participaci√≥n de la administraci√≥n del presidente Ronald Reagan.

‚ÄĒ Es necesario que haya una comisi√≥n estadounidense que busca la verdad sobre El Mozote, Raymond Bonner ‚ÄĒel periodista y ganador del Premio Pulitzer que fue uno de los primeros reporteros escribiendo sobre la masacre‚ÄĒ explica a Revista Global.

Por Klas Lundström

EL SALVADOR | Era durante un d√≠a de diciembre de 1981 cuando unos campesinos salvadore√Īos se encontraron Rufina Amaya por una orilla del r√≠o. Estaba deshidratada y agotada. En estado de shock. Hablaba de crueldades. Sobre cosas que hab√≠a visto. Experimentado. Y sobrevivido.

‚ÄĒ Apenas pod√≠a hablar, le dijo Rufina Amaya a Mark Danner, reportero por la revista New Yorker, en 1993. Habl√© y llor√©, habl√© y llor√©; no pod√≠a comer, no pod√≠a beber, solo balbuceaba, lloraba y hablaba con Dios.

Los rumores ya volaban en Moraz√°n, un departamento en las tierras altas del norte de El Salvador, cerca de la frontera con Honduras. Algo malo hab√≠a ocurrido. Pero fue dif√≠cil verificar los datos. Carreteras estaban cerradas y el movimiento guerrillero Frente Farabundo Mart√≠ para la Liberaci√≥n Nacional, el FMLN, se hab√≠a retirado por raz√≥n de una operaci√≥n militar a gran escala del ej√©rcito salvadore√Īo ‚ÄĒconocido como ‚ÄúOperaci√≥n Rescate‚ÄĚ.

Una ofensiva militar hoy en día asociada con la tragedia en El Mozote. En aquella aldea, Rufina Amaya residía con su familia en medio de la furiosa guerra civil de El Salvador. En diciembre de 1981, sin embargo, no quedaba nada de la aldea. Nada más que humo, silencio y mil cadáveres de civiles.

‚ÄúLa Frontera de la pol√≠tica exterior estadounidense‚ÄĚ

Jos√© Napole√≥n Duarte, entonces presidente de la Junta en poder, refut√≥ los rumores sobre violaciones de derechos humanos iniciadas por el gobierno contra la poblaci√≥n civil en Moraz√°n. Sr. Duarte llam√≥ las atrocidades anunciadas por la radio guerrillera ‚ÄĒRadio Venceremos‚ÄĒ en El Mozote como un ‚Äútruco de guerrilla‚ÄĚ, con el objetivo de sabotear las esperanzas de El Salvador de asegurar aumento de la ayuda militar de los Estados Unidos.

A finales de 1981, Raymond Bonner, entonces de 38 a√Īos, solo hab√≠a trabajado como reportero durante un corto per√≠odo de tiempo, contribuyendo al New York Times.

‚ÄĒ Hay que recordar ‚ÄĒSr. Bonner explica a Revista Global‚ÄĒ cuando empez√≥ la guerra civil en El Salvador, fue el foco principal de la pol√≠tica exterior estadounidense; fue aqu√≠ donde Estados Unidos traz√≥ la l√≠nea en la arena contra el comunismo.

Durante la d√©cada de 1980, poca gente abri√≥ sus pocas para hacer preguntas en El Salvador. O sea, no en voces altas. La poblaci√≥n salvadore√Īa se dej√≥ en silencio. Saber ciertas cosas podr√≠a ser una sentencia de muerte.

‚ÄúShakedown‚ÄĚ centroamericano

En 1979, la tierra de Centroam√©rica tembl√≥. En Nicaragua, el movimiento sandinista, el FSLN, removi√≥ a la dictadura de Somoza protegida por Estados Unidos ‚ÄĒy en El Salvador, el presidente derechista Carlos Humberto Romero intent√≥ a calmar la fiebre revolucionaria por conversaciones con los movimientos armados de izquierda, que hab√≠an ganado mucho apoyo en sus demandas por reformas sociales en un pa√≠s derribado en pobreza.

A través del telescopio geopolítico de la Casa Blanca en Washington DC, las revoluciones populares parecían haberse convertido en una moda política persistente en Centroamérica.

Por lo tanto, el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter apoy√≥ el golpe contra el presidente Humberto Romero por parte del ej√©rcito salvadore√Īo en el 15 de octubre de 1979. Sr. Carter estaba bajo mucha presi√≥n; encima una revoluci√≥n sandinista y un drama de rehenes en Ir√°n, los Estados Unidos adem√°s enfrent√≥ una elecci√≥n presidencial ‚ÄĒuna que el oponente republicano del Sr. Carter ‚ÄĒRonald Reagan‚ÄĒ estaba en curso a ganar.

El principal pol√≠tico de Sr. Reagan fue su prometa de enfrentar ‚Äúel comunismo‚ÄĚ al sur de R√≠o Grande.

‚ÄúAs√≠, habi√©ndose fortalecido a s√≠ mismo como un moderado sensato, procedi√≥ a asustar con pasi√≥n su audiencia sobre las intenciones sovi√©ticas y luego traz√≥ el camino sensato a partir de ah√≠. Los sovi√©ticos estaban ‚Äėsiguiendo un programa para lograr una clara superioridad militar sobre Occidente‚Äô, escribe el historiador y experto de derecha Rick Perlstein en su libro ‚ÄúReaganland‚ÄĚ.

‚ÄúStatus quo‚ÄĚ y Escuadrones de la muerte

Seg√ļn la administraci√≥n neoconservadora reci√©n instalada del presidente Sr. Reagan los hechos m√°s alarmantes en Centroam√©rica no fueron los disparos por parte del ej√©rcito salvadore√Īo de civiles pac√≠ficos en la capital, San Salvador, en enero de 1980 ‚ÄĒun tsunami de balas que dej√≥ m√°s de 50 civiles desarmados muertos y muchos m√°s heridos.

La mayor amenaza contra la estabilidad del continente fueron los movimientos pol√≠ticos que buscaban reformas agrarias ‚ÄĒseg√ļn la administraci√≥n estadounidense productos del ‚ÄúImperio Sovi√©tico Malvado‚ÄĚ. La resistencia armada de las guerrillas salvadore√Īas fue descrita como un ‚Äúcaso de manual de agresi√≥n armada indirecta por parte de los comunistas en poder‚ÄĚ.

Los Escuadrones de la muerte en El Salvador no fueron ning√ļn fen√≥meno nuevo durante la guerra civil ‚ÄĒera una herramienta sancionada pol√≠ticamente, producida en forma organizada por primera vez durante los a√Īos sesenta. La tarea principal de estas milicias paramilitares era la defensa del ‚Äústatus quo‚ÄĚ socioecon√≥mico de El Salvador y influir o sabotear elecciones generales.

Su obrero m√°s importante y efectivo ‚ÄĒsobre todo‚ÄĒ fue la aterroriza al pueblo campesino.

‚ÄĒ La pol√≠tica de Estados Unidos sigui√≥ como antes y solo el final de la Guerra Fr√≠a permiti√≥ la negociaci√≥n de una paz en El Salvador que se bas√≥ en algo menos que una victoria total, Mark Danner ‚ÄĒperiodista y autor de ‚ÄúLa masacre de El Mozote‚ÄĚ‚ÄĒ dijo a Revista Global.

La muerte visita la aldea

En las tierras altas del norte de El Salvador, la idea era que solo era cuesti√≥n de tiempo hasta que el FMLN y el ej√©rcito salvadore√Īo se enfrentaran en batallas grandes. A finales de 1981, El Mozote era una aldea calma, construido por unas veinte casas y sin conexiones documentadas con las guerrillas.

La ‚ÄúOperaci√≥n Rescate‚ÄĚ, por otro lado, hab√≠a obligado a los civiles de Moraz√°n a huir ‚ÄĒy muchos buscaron refugio en El Mozote. En la tarde del 10 de diciembre, la aldea comenz√≥ a llenarse de soldados del batall√≥n Atlacatl, una tropa especial del ej√©rcito y fundada en la academia militar estadounidense en Fort Benning, Georgia. Atlacatl fue comandada por el coronel Domingo Monterrosa.

Hab√≠a pocas razones para preocuparse, y mucho menos para huir. Los habitantes de El Mozote confiaban en el ej√©rcito que hab√≠a patrullado en la regi√≥n desde el inicio de la guerra civil un a√Īo antes ‚ÄĒy que nunca hab√≠a abusado de la poblaci√≥n local de ninguna manera. Al rev√©s, la poblaci√≥n de El Mozote hab√≠a alimentado a los soldados y les hab√≠a dado la bienvenida a sus hogares.

Sin embargo, por la noche del 10 de diciembre, el ambiente era tenso ‚ÄĒy llegaron helic√≥pteros del ej√©rcito salvadore√Īo con refuerzos de tropas. En la madrugada del 11 de diciembre, Sr. Monterrosa orden√≥ a todos los ciudadanos reunidos en la √ļnica plaza de la aldea. El ej√©rcito exigi√≥ que todas las armas almacenadas en el caser√≠o fueran sacadas y exhibidas, pero cuando la poblaci√≥n no pudo presentar armas, los militares salvadore√Īos apuntaron sus propias escopetas en la direcci√≥n de los civiles.

Los hombres fueron separados de los dem√°s y obligados a ingresar a la iglesia donde fueron ejecutados ‚ÄĒmuchos por decapitaci√≥n con machetes.

En poco tiempo, las mujeres y los ni√Īos de El Mozote ‚ÄĒque acababan de presenciar y escuchar el asesinato de sus padres, hijos y maridos‚ÄĒ fueron violados y degollados y luego colgados con cuerdas de ramas de arboles. La v√≠ctima m√°s joven ten√≠a dos a√Īos.

Cuando todos los ciudadanos fueron ejecutados, los cuerpos y todas las casas de El Mozote fueron incendiadas. Entonces estaba claro que Sr. Monterrosa y el ej√©rcito salvadore√Īo iban a culpar la masacre al FMLN. Un hecho que podr√≠an haber logrado ‚ÄĒsi no hubiera sido por el milagroso escape de Rufina Amaya de una muerte segura.

Antes de su huida, Sra. Amaya hab√≠a presenciado el asesinato por decapitaci√≥n de su esposo ciego Domingo Claro, y hab√≠a escuchado los gritos de muerte de los cuatro ni√Īos, que abarcaban entre nueve a√Īos y ocho meses de edad (un quinto ni√Īo no estaba presente en El Mozote en el momento de la masacre, y as√≠ sobrevivi√≥.)

Una narrativa en transición 

Raymond Bonner todav√≠a recuerda la noche en que √©l y la fot√≥grafa Susan Meiselas se prepararon para cruzar el r√≠o. Fue en ‚Äútierra de nadie‚ÄĚ entre 1981 y 1982 y la Luna llena los mir√≥ del cielo arriba la frontera desolada entre Honduras y El Salvador.

Sr. Bonner y Sra. Meiselas iban a ser los primeros reporteros extranjeros para documentar la guerra civil salvadore√Īa desde esta perspectiva ‚ÄĒa trav√©s de los ojos de la guerrilla.

Hab√≠a mucho en juego. En Estados Unidos, el paquete de ayuda militar a El Salvador pend√≠a de un hilo fr√°gil y el presidente Reagan tuvo dificultades para convencer al Congreso ‚ÄĒy sus votantes‚ÄĒ sobre la necesidad de ampliar el generoso apoyo militar estadounidense a la dictadura salvadore√Īa.

Durante mucho tiempo la administraci√≥n Reagan hab√≠a evitado las cr√≠ticas sobre su apoyo a la lucha ‚Äúanticomunista‚ÄĚ en El Salvador. Mucho se bas√≥ en la descripci√≥n de la guerra civil como un conflicto en el contexto de la Guerra Fr√≠a ‚ÄĒun caso de ‚ÄúEste contra Oeste‚ÄĚ.

En la zona rural de El Salvador, la ret√≥rica y los juegos pol√≠ticos brillaron en ausencia ‚ÄĒen la sombra de pobreza extrema y necesidad de reformas sociales. La pobreza y la represi√≥n pol√≠tica ‚ÄĒseg√ļn Mao Zedong‚ÄĒ ‚Äúson las aguas en las que nadan las guerrillas‚ÄĚ.

En el aire sobre el agua a lo largo de la frontera entre Honduras y El Salvador, unidades del ejército patrullaban.

‚ÄĒ Yo recuerdo que pens√©: ‚ÄúMira, alg√ļn francotirador en una colina podr√≠a acabar con nosotros f√°cilmente‚ÄĚ, Raymond Bonner dijo a Revista Global.

Los guerrilleros ‚Äúno llevan uniformes, ni usan helic√≥pteros‚ÄĚ

Al otro lado del río comenzó una expedición de dos semanas al corazón de la guerra civil. Sr. Bonner y Sra. Meiselas pasaron el Centroamérica rural. Campos estafadores, pueblos aislados, bóvedas de arcos celestes. Resistencia armada.

Los reporteros fueron informados sobre violaciones de derechos humanos. Listas de nombres de cientos de v√≠ctimas fueron seguidas de excursiones a aldeas donde los cad√°veres ‚ÄĒentre ellos cuerpos de ni√Īos muertos‚ÄĒ se pudr√≠an en la sombra de pl√°tanos. Cuando se sentaron con Rufina Amaya, la imagen se aclar√≥ sobre la magnitud de los hechos en El Mozote.

No estaba claro exactamente cu√°ntas personas hab√≠a ser ejecutados ‚ÄĒy muchos ‚Äúpuntos cr√≠ticos‚ÄĚ de los combates en el Moraz√°n todav√≠a estaban bajo el control del ej√©rcito salvadore√Īo.

‚ÄúNo es posible para un observador que no estaba presente en el momento de la masacre para determinar en una forma independiente cu√°ntas personas que murieron o qui√©n las mat√≥‚ÄĚ, escribi√≥ Sr. Bonner en su reportaje principal por el New York Times ‚ÄĒpublicado algunas semanas despu√©s de su visita a El Salvador.

Seg√ļn los campesinos salvadore√Īos eran soldados uniformados, algunos de ellos descendiendo en helic√≥pteros, que fueron los responsables de la masacre en El Mozote.

‚ÄúLos rebeldes en esta zona no usen uniformes ni helic√≥pteros‚ÄĚ, escribi√≥ Raymond Bonner.

‚ÄúReportajes con objetivos pol√≠ticos‚ÄĚ

El primer reportaje por Raymond Bonner sobre la masacre de El Mozote fue publicado el 27 de enero de 1982 ‚ÄĒel mismo d√≠a en que el gobierno estadounidense envi√≥ su documento de certificaci√≥n al Congreso, asegurando los ‚Äúesfuerzos concertados y significativos‚ÄĚ de la junta salvadore√Īa para mejorar la situaci√≥n de los derechos humanos.

El documento de certificaci√≥n fue una condici√≥n para expandir el paquete de ayuda militar de 200 millones de d√≥lares ‚ÄĒen el valor de la moneda actual‚ÄĒ donde se destinaron 70 millones de d√≥lares a ayuda militar de acuerdo con la ‚ÄúLey de Asistencia Exterior‚ÄĚ.

Una garant√≠a de derechos humanos que el Congreso ‚ÄĒpor otro lado‚ÄĒ no tuvo ninguna posibilidad de cuestionar la precisi√≥n y validez de los hallazgos en la certificaci√≥n del presidente Reagan. La noticia sobre una masacre en una aldea en el norte de El Salvador, publicada en el medio de comunicaci√≥n m√°s prestigioso de Estados Unidos y del mundo no pareci√≥ molestar a la administraci√≥n Reagan. Al menos no oficialmente.

‚ÄĒ Las historias que detallan tales muertes con este tipo de frecuencia tienen un matiz de motivaci√≥n pol√≠tica, Alan Romberg ‚ÄĒentonces portavoz del Departamento de Estado‚ÄĒ explic√≥ al New York Times.

Lo contrario a la actitud relajada del Departamento de Estado de los Estados Unidos, la administraci√≥n de Reagan ya hab√≠a comenzado una campa√Īa de difamaci√≥n dirigida al reportero de la masacre ‚ÄĒRaymond Bonner‚ÄĒ y lanzada principalmente por Deane Hinton, entonces embajador de Estados Unidos en El Salvador, quien describi√≥ Sr. Bonner como un ‚Äúperiodista de opini√≥n‚ÄĚ.

‚ÄĒ Entonces New York Times era un peri√≥dico poderoso ‚ÄĒRaymond Bonner dijo a Revista Global‚ÄĒ Lo que fue escrito en la ma√Īana fue la noticia principal en las noticias de los canales de televisi√≥n en la noche.

Raymond Bonner y Alma Guillermoprieto ‚ÄĒuna corresponsal ‚Äústringer‚ÄĚ de Washington Post, quien tambi√©n dio la noticia sobre la masacre de El Mozote y la guerra civil salvadore√Īa escrita desde la perspectiva de la guerrilla‚ÄĒ ten√≠an sus nombres dibujados en el barro en un editorial por Wall Street Journal. ‚ÄúPropaganda‚ÄĚ, el diario financiero llam√≥ su periodismo.

La cobertura de la prensa estadounidense en El Salvador ‚ÄĒseg√ļn la tabla editorial de Wall Street Journal‚ÄĒ sigui√≥ un estilo de reportaje al estilo de la Guerra de Vietnam ‚Äúdonde las fuentes comunistas recibieron mayor credibilidad que el gobierno de los Estados Unidos o el gobierno al que apoyaba‚ÄĚ.

La campa√Īa de difamaci√≥n sobre los eventos en El Mozote pronto fue seguida por la ejecuci√≥n por parte del ej√©rcito salvadore√Īo de cuatro periodistas vinculados al medio p√ļblico holand√©s IKON el mes siguiente. Seg√ļn el Comit√© para la Protecci√≥n de los Periodistas, 24 reporteros fueron asesinados durante la guerra civil salvadore√Īa.

‚ÄúEscuchar√© a mis hijos llorando‚ÄĚ

Junto con la narrativa salvadore√Īa de regreso a la cuadr√≠cula ‚ÄĒy en l√≠nea con los deseos oficiales tanto de la junta salvadore√Īa como de la administraci√≥n Reagan‚ÄĒ el desarrollo de la naci√≥n centroamericana se present√≥ de nuevo como un conflicto ‚ÄúEste-Oeste‚ÄĚ. Y no como una lucha contra injusticias hist√≥ricas entre una oligarqu√≠a pol√≠tica con fuertes lazos con el capital occidental ‚ÄĒcontra una guerrilla naci√≥ por las demandas de una poblaci√≥n campesina.

Algunos abusos en El Mozote nunca hab√≠an ocurrido. ‚ÄúTotalmente falso‚ÄĚ, afirm√≥ el coronel Alfonso Cotto, portavoz de las fuerzas armadas salvadore√Īas, sobre la informaci√≥n sobre ‚Äúcientos de civiles‚ÄĚ asesinados por el ej√©rcito. Una posici√≥n oficial compartida por la administraci√≥n Reagan ‚ÄĒno solo con respecto a El Mozote, sino tambi√©n a la guerra civil en El Salvador en general.

Cuando Rufina Amaya se sent√≥ con Raymond Bonner pocas semanas despu√©s de la masacre en El Mozote, la conmoci√≥n, el trauma y el dolor todav√≠a estaban encarnados. A√ļn no hab√≠a regresado a la aldea desde que escap√≥ de los fusiles autom√°ticos, los machetes, las sogas y los abusos sexuales por el batall√≥n Atlacatl.

‚ÄúSi regreso, escuchar√© a mis hijos llorando‚ÄĚ, Sra. Amaya dijo.

La pr√≥xima parte de ‚ÄúLa Muerte en el pueblo‚ÄĚ ‚ÄĒ‚ÄúEl cubierto de una masacre‚ÄĚ‚ÄĒ de pronto ser√° publicada.

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